domingo, 29 de julio de 2007

¿Los amigos que perdí?

Son las 4 am y me muero de frío. Sólo puedo o dormir o escribir y tomar una taza de leche muy caliente, mientras saboreo un poco de sal de lágrimas de bronca. Me siento extraña. Como si un cuchillo me atravesara la cabeza de derecha a izquierda. Siento, además, el moco propio de los llantos atracando mi respiración, bloqueándola hasta que el aire no pueda entrar, con un horror al vacío que me hace volver a la realidad, que me da una patada en el culo hacia el cuasi infinito abismo que separa la montaña de mi ego del nivel del mar.

Algo extraño ha sucedido. Los vidrios de las ventanas de mi auto, double vitrage, han sido increiblemente violentados por un monstruo que portaba una bujía caliente y estoy sorprendida. Algo extraño ha sucedido y estoy pasmada y en estado de alerta aunque con ganas de olvidarlo todo en el a-través del sueño. Algo que me remece, que me aturde, se ha producido. Me jode y me hace infelíz, al menos durante estos minutos que trato de vivir intensamente, de penetrar en ellos, de bucear en los mares de minutos y en los minutos como mares para evitar premoniciones que me aparten del eterno ahora. Algo me jode y me hace infelíz. Quizás sea la falsa promesa del ideal de la perfección humana. Quizás sea la imperfección en sí. Quizás sea la amistad un holograma, una visión de Ayahuaska, una pastrulada más. No lo sé. Me hace sentir bien. La necesito. Como animal social, cuadro profesional y persona sensible, no puedo patear el concepto de amistad, aunque corte bruscamente el respirador que pende de las narices de varias de ellas, porque necesito vida y yo me canso. Sobre todo porque la inconsecuencia, aunque también es parte de mi vida porque si vives rodeada de mierda lo mínimo que puede pasar es que esta te salpique, no es un debe ser, no es una opción válida de vida. Más que eso: me da asco. La inconsecuencia, el no "bancarse" al amigo hasta el final, no es justificable. Nada debe quedar impune: por eso, por encima de sentimentalismos, es moralmente imperativo ROMPER con el "amigo" que no está ahi para apoyarte. Si es posible en la primera de bastos, tanto mejor. Me importa más mi mundo, mis principios, y el control de calidad en las relaciones humanas. Medir con varas más severas, perfeccionar los filtros, a la hora de seleccionar tu entorno amical, mejora invariablemente tu calidad de vida. O te genera una soledad de la granflauta. Pues prefiero la soledad como grata compañera, como espejo de tu realidad. Prefiero quejarme de la soledad que de los malos amigos. Prefiero nutrirme de lo que vivo en este preciso instante: conciencia de mi soledad que me permite analizarme, radicalidad que a veces te convierte en freakie, que malbaratear mi tiempo con felipillos contemporáneos. Se me va la poesía o nunca la tuve. Termino con esto y me voy, a compartir sueños con Morfeo, a la segura latitud de lo onírico, territorio cuya magia impide la presencia de los cuchillos. Por eso, antes de trasponer la frontera, me dispongo a quitármelos de la espalda, con cuidado para que duela menos, a envolverlos en papel periódico, y a botarlos a la basura porque están llenos de infección, como algunos amigos que perdí y sigo perdiendo y me lleva al cielo que se vayan al diablo.

miércoles, 25 de julio de 2007

Estampas de Arco Iris

Me presentaron al Dr. Santaolalla en una reunión de camaradería del área. Mostraba una extraña mezcla de jovialidad con caballerosidad antigua, sumándole a ello una impresionante e innegable cultura general adquirida a lo largo y ancho de sus robustos 67 años en lo largo y ancho del territorio nacional y el del mundo mundial. Rápidamente nos caimos bien (a pesar de cierto toque conservaduril), y mantuvimos una interesante conversa que se prolongó por espacio de dos o tres horas, que convirtió tiempo perdido en tiempo ganado.

Tres semanas después nos tocó ver un tema de trabajo juntos. Me mandaron a ver un tema tan soberanamente aburrido como negociar las costas y los costos de un proceso que perdió la empresa. El Dr. Santaolalla, hábil con el floro y experto procesalista, fue comisionado para acompañarme. O al revés. El orden de los factores altera el producto, sobre todo porque sé de Procesal lo que sabe Susy Díaz de dialéctica hegeliana.

Nos tocaba reunirnos con el abogado de la otra parte, don Delfín Jurado, que, según las referencias, es el típico abogado wash and wear, que sólo ve casitos pero de las veintitresmilcuatrocientascincuentaynueve-y-quién-sabe-más ramas, raíces, y arbolitos del Derecho, que cita a Ricardo Palma en sus demandas, que tiene una minúscula oficina en un gris edificio ubicado en Psj. Los Pinos, que fuma puros y escucha a Pedro Infante, que es el típico lawyer-patero que bien podría ser apodado el Francis del derecho peruano ("soy el amigo de todos"). Y que, hijueputa de él, nos ha ganado un caso obvio pero terrible.

Había entonces que coordinar una pequeña estrategia y defenderla con energía, pero sin perder la sutileza imprescindible en toda negociación. Ello requirió reunirme con Santaolalla algunas horas antes de la cita. El lugar elegido fue el mítico café miraflorino "La Favorita", en la mesa contigua a la ocupada por cuatro jubilados que hacen, deshacen y rehacen el Perú durante 8 horas entre humitas, expresso's y el impertinente claxon de las diversas Custers que transitan Larco.

La conversación con Santaolalla, como aquella primera vez, fue súper amena, interesante y llena de datos. Su profundo conocimiento de la historia nacional me impulsó a preguntarle sobre los diversos presidentes de la República, pero su repentino panegírico al candidato a la Dieta Japonesa fue una primera piedra de decepción. Cereza en el pastel: Paniagua/Toledo/CVR. "Asco de caviares", dijo, cambiándole de pronto la cara, haciendo un gesto repugnante, lleno de odio. De resentimiento. "Felizmente no gobiernan, hubieran traido abajo al país", sentenció, con un preocupante simplismo que daba vergüenza ajena. Y a modo de quemarropa, al puro estilo de los intolerantes que no te dejan plantear una idea diferente. Por esos días, yo pensaba con intensidad en la definición de mi orientación sexual, dentro del marco del existencialismo que me invade cuando me viene la regla, y empecé a generar pensamientos de terror ante la posibilidad de que tamaño personaje se enterara de "lo mío".

Pasados tres minutos vio su reloj. "Uy, ya es la hora", me dijo, recuperando el tono bonachón de costumbre. Pidió la cuenta. Quise pagar mi parte y no me dejó (y yo dije "yes" para mis adentros). Y nos fuimos en un taxi que nos cobró 3 lucas al lugar pactado con Jurado.

Llegamos al edificio. El ascensor del vejestorio no funcionaba: nos tocó subir 13 putos pisos. Santaolalla me confesó, mientras sacabamos físico de donde sea para no caer al piso, que a inicios de los 80's era triscaidecafóbico, que el departamentito que ocupaba en la Av. Arequipa y que había comprado en la época de Morales Bermúdez estaba en un edificio con un ascensor buenazo, pero que la llegada de los apagones lo obligaron a tener que subir los 14 pisos para llegar a su depa en dosh patitash, así que ajo y agua y lo tuvo que superar.

Ya en el piso 13 (donde Santaolalla, pese a su agnosticismo confeso, se persignó rápidamente -"me persigno por supersticioso, por pagano"-y se echó a reir), tocamos el timbre de la oficina de Jurado, inconfundible por su enorme placa de fondo blanco y letras azules (para variar, es hincha acérrimo de Alianza Lima), el ícono de una toga y el correspondiente número del CAL. Nos recibió un tipo efectivamente huachafo, igualito a Mario Poggi, con un pañuelo blanco sobresaliendo del bolsillo de su saco, y de lírica rimbombante. A mí me recibió con un "Encantado, Doctora", y besó mi mano, la cual retiré lo antes posible de sus babosos labios.

Nos sentamos en una colorida mesa de centro. Caballeroso él, me preguntó, en gesto doñaflorindesco, "no gustas tomar una tacita de café", y, a pesar del La Favorita a cuestas, le dije que sí, y con un aplauso chabacanón llamó a Zoila, su secretaria, indicándome que me lo prepare. Empezamos la conversación, y el Dr. Santaolalla sacó a relucir su brillantez en el campo del Derecho, ante un rendido Dr. Jurado que le decía a cada rato "Su Eminencia". Al final, el resultado fue favorable para nosotros, y, dejado claro el asunto y terminada la faena, empezamos a hablar, los tres, de algunas trivialidades.

"¿Y cómo está esta zona, Jurado?"- indagó, curioso, Santaolalla.

"¿Esta zona?. Llena de maricones"

Santaolalla se llevó la mano al mentón y procuró escuchar la monserga hasta donde pudo.

"Imagínese doctor, si el otro día salía del antro de porquería ese un grupo de mujeres con varias besándose entre ellas"(sic). "Ojalá y el nuevo alcalde haga algo porque esto se está convirtiendo en un bacanal, el Ius Imperium debe prevalecer y así salvaguardar el Orden Público y las buenas costumbres que deben regir toda sociedad sana".

"¿Qué les decimos a nuestros niños, ah doctorcito?".

(Tragué saliva. Me quería meter donde sea)

Santaolalla se mandó con un discurso pro-gay, con el pulcro manejo de retórica que le caracteriza. Refirió que tenía muchos amigos gays (no utilizó, por la gracia de Dios, la incomible palabra homófoba pero extendida: "homosexual"), pero sin el tono cliché que utilizan aquellos pseudo modernitos. No agregué ni quité ninguna coma, no solo porque la verdad no quería intervenir en este tipo de asuntos (que, en el plano laboral, trato de evitar hasta que llego a un límite cuando me hinchan las pelotas con los chistecitos **de maricas** y lanzo un lacónico comentario dejando sentada mi posición y luego hablamos de caballos). Sino porque la verdad, no había nada más qué agregar. Entonces nos despedimos de Juradito y su mal gusto que sabe a jurel como el mal gusto de los homófobos, de sus cinco mil diplomas colgados en su pared verde fosforecente, de su insoportable olor a habanos mezclado con vino barato, de su pompa odiosa, con el placer de haberle dado, en todos los sentidos, y para su oculto beneplácito, por el culo.

lunes, 9 de julio de 2007

¿Loser?

What did I want to win?

Se me acercan los treinta y uno y los látigazos que me inflijo. El "éxito" es un placebo que te permite tolerar la gran frustración que se llama nada y la nada, ya lo saben, es la única verdad posible. Deadlines de deadlines y más deadlines, agendas venenosas rellenas de datos y de esperanza, para qué más. Una pizarra acrílica con garabatos desordenados que se supone son mis proyectos de vida, más parece un cuadro abstracto de un niño autista talentoso. Una bronca inconmesurable por estar estancada y darle mis días y mis noches, a cambio de un estipendio (lo único motivador de estas lunas), a un proyecto que no es el mío, que me aburre, que a veces me da hasta asquete. I was born in a republiketa de sudameriketa, es divertido, pero no llena el buche, vives como los equilibristas, y no puedes salir de tu país cuando te de la gana.

En mi garganta no tengo un nudo. Tengo cuchillazos. Soy una urbanita atrapada en un pueblo, una progre atrapada en el proyecto reaccionario de su propio capitalismo, una bisexual en vías de desarrollo y con el péndulo tirado hacia lo lésbico que tiene-que elogiar a actores guapos (que genuinamente le gustan pero no tanto como para definir una opción sexual) para salvar su pellejo en pueblochicoinfiernogrande, y, básicamente, una profesional que ya no compra papel higiénico: se limpia el culo con todos los elogios que le proporcionan (yo diré "que le propinan"), sin ningún progreso concreto. Llena, y toda la vida fue así, de un palabreo masturbatorio que cansa. A veces da ganas de ser una buena mierda, para esperar menos y amortiguar caidas. A veces da ganas de incendiar los tomos de panegíricos, porque hay realidades que apestan tanto que opacan ese Chanel con el que perfuman tus expectativas.

Ok, ya boté, chau. Me voy a preparar trigo y a ver a Rosa María Palacios. Ojalá mañana cambie de chip y deje de escribir barrabasadas.

domingo, 1 de julio de 2007

Le Journal du Nord Solide

Era necesario subir más para el norte. Primeras vacaciones después del regreso, refugio celestial frente al frio que azota, porque una eterna primavera vale más que mil veranos.

Es realmente reconfortante haber venido. No me arrepiento ni una milésima de ápice. He comido como reina, he bebido, he caminado por unas calles casi impecables, por esas calles por las que mi grandma recorrió su niñez y juventud. He mirado los balcones liberteños, muy bien conservados, y no he sentido envidia, sino orgullo, porque de alguna manera yo soy parte de estas tierras, simplemente porque, traida en los veranos por mis familiares, encontraba la magia resbalándome por esas columnas del monumento de la Plaza de Armas, que parecen toboganes, y me pude mirar en los ojos de felicidad de esos niños que, más de veinte años después, hacen lo mismo.

También he gileado (inspección ocular only), con un par de huevonas. De más está decir que, en el interior del país, esta ciudad es la capital gay. Fábrica de rosquillas por antonomasia (algunas envueltas y otras muy desenvueltas -diría yo que demasiado-), no se trata precisamente de una ciudad de provinciana homofobia. También he bailado (por la pereza de ir hacia la lejana Punto G), en locales straight donde todos se conocían, y, de pronto, me he visto infiltrada y disfrutando canciones tontas a todo pulmón entre, presumiblemente, unos Manucci, Ganoza o Pinillos.

Cuando viajo me invaden muchas letras. Debería tener un Moleskine o una libretita Justus aunque sea, algún cuadernito más manejable que mi agenda (que además está destinada a satisfacer las necesidades de mi vida "seria" y en ese territorio se debe quedar). Es que cuando me siento frente a un teclado me viene la amnesia, y las ideas se me van volando como golondrinas y se me han ido hasta Huanchaco.

Como nada ni nadie es perfecto, la omnipresencia de Haya de La Torre en cuanta calle y plaza es disgustante. Pero lo enervante de ver por todas partes la nariz aguileña del líder histórico, se ve compensado por una ciudad que está, que pone, y que promete. Que viva Trujillo, carajo.

jueves, 21 de junio de 2007

Bienvenido, invierno (misceláneo-a.l.i.)

Tengo las manos congeladas y acabo de bajar la mirada hacia pantalla y teclado, luego de haber estado mirando el techo de esta cabina nortechicense, pensando en qué escribir.

Estoy increiblemente CERDA, a golpe de tacu-tacu's de mariscos, ceviches de pato, arrocitos con pato, chifitas, chifles CARTER (declaro mi adicción), jaleas, consumo compulsivo de coca cola zero (tremendo pretexto), exquisitas tortas de cumpleaños de compañeros de trabajo, sandwiches de supremas de pollo con ají alacena, ketchup y mostaza, Oreo Maní...y siguen firmas. Lo concreto es que puedo sentir mis rollos, siendo pellizcados por su contacto brusco con la hebilla de mi correa, y que ya me han preguntado varios, contentos, cuantos meses tiene y cómo se llamará. Lo concreto es que vengo pensando en estrategias para terminar con esto desde hace siete años, y suspendo la vorágine de gula cuando me gusta alguien, vorágine que reanudo cuando la decepción agobia.

Ya estoy pensando en ASUMIRME como "Gordita Simpática": sólo debo trabajar en la simpatía, lo otro viene como por un tubo, la pinta es lo de menos.

Bombón, oh shit. Fue hermoso recordar los bellos momentos de amigas como película, como aquella película que (dicen algunos) ve uno cuando está a punto de morir. Pero no puede morir, tengo que recuperarlo. Amistad en terapia intensiva, parafrasear a Cerati. Esperar un tiempo prudencial para llamarla, y tratar de no pensar en lo doloroso para no desbarrancar mi ánimo, que lo necesito a tope porque tengo una cantidad inhumana de trabajo, lo cual para workaholics como yo es un puto reto.

Bellota me confrontó en Pardo, mientras disfrutábamos de una caminata dominguera por la fría Pardo de junio, ella ataviada con un simpático chullo que todos los turistas se quedaban mirando. Yo con mi inconfundible jean malgastado, aquel que sujeto con esa correa que me pellizca la panza. Bellota dio su veredicto en favor de la agraviada, Bombón. Pero me dijo que el tema era subsanable, y le compré una galleta.

No tengo ganas de un texto articulado.

Despertarme en estos días invernales es una labor titánica.

Describir mi despertar no lo es.

Mi celular está programado para que la alarma suene a las 6 y 45 a.m. Cuando suena, tal como lo hace el 99.9% de las personas que ponen la alarma para trabajar/estudiar, siento un odio por el mundo porque ese sonido me arranca violentamente de los dulces brazos de Morfeo y su calorcito tan contrastante con la temperatura ambiente. Pestañeo un toque, digamos que en promedio hasta las siete y cuarto. Veo las noticias, itinerando entre Primera Edición y Buenos Días Perú, incluyendo sus propagandas de baja factura como la de la loca esa que le grita al farmacéutico "¡¡¡NOOO SEÑOOOR DESEO PALTOMIEL!!!", o la del triunfador de IDAT al que los ojos se le ponen como de un felino para evidenciar que es un monstruo en computación, o la de SOLGAS una voz en off femenina te indica unos trucos mnemotécnicos para recordar el número de esa empresa y dice "47, la edad de mi marido/4, su edad mental, jijiji-risa burlona-", entre otras que no recuerdo. Y viendo noticias, horrendas en su mayoría, sobre todo las de política (la elección del TC me ha generado vómito y náusea). Cuando estás medio dormida, estás como que medio drogada, y la sensación de ver esa mierda, como que es rarita. 7 y 30: me paro, me aseo, me cambio, tomo desayuno (si es que puedo), y camino entre calles pedregosas y polvorientas para llegar a trompicones a mi puesto de trabajo, en el cual debo estar a las 8.

Soy una ciudadana común y corriente.

Que se caga de frio, como toda la gente.

Bienvenido, invierno peruano.

lunes, 11 de junio de 2007

Bittersweet Weekend

Hi Oh La

Aquí me tienen con otro post emo.

Emo hasta las huevas. Amargo como un puré de espinacas.

Y dulce a la vez.

Y también trivial.

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El viernes llegué, después de 3 semanas, a la capetal. Salí directo de la gestión que debí hacer, hacia la expo de Andy Warhol en el CCPUC, que no está tan grave como me comentaron por ahi, ni tan espectacular. Me llamaron la atención un par de cosas: que A.W. haya diseñado la portada de un disco de BOSÉ (siempre Bosé, con sus deliciosas sorpresas), y que cuando juntó a Nico, Reed y compañía para el célebre banana album, de la Velvet, éstos no tenían ni puta idea de tocar algún instrumento, pero pasta tenían.

Recuerdo que Andy Warhol salía en las páginas de sociales de Vanidades y Buen Hogar, que leía con superficial fruición de chica.

2. El sábado fascinante. Con Arturo recorrimos las calles de la ciudad. Hacía tiempo que no hueveaba deliciosamente, con el aire fresco del invierno limeño en la cara, desde Barranco hasta el centro, pasando por Lince y Miraflores (o viceversa). Y conversamos y conversamos y nos reimos de todas las cosas cojudas de las que nos solemos reir. También la indignación: LG y sus malas artes, ejercidas con el propósito de torpedearlo al pobre, que por desgracia o bendición o no sé qué chicha metafísica pueda ser, tiene que coordinar temas de chamba con ella.

((basta))

(((no más titulares para La Maffia)

Se retiró temprano, debido al stress de la oficina que lo tenía con sueño acumulado. Yo quería seguir recorriendo, y recorriendo en soledad, en una soledad que amo y odio, las calles de la juerga miraflorina, como oteándola, con mi mochilita incaica y un Economist en la mano. Terminé de deambular con una algarrobina en la mano, bebida en un bar de música reggae, de esos ad-hoc para mochileros.

Fui momentáneamente felíz.

Luego tomé un taxi, de esos que te cobran más barato porque andan a gas natural. Y me eché en la cama, felíz como Garfield con Lasaña, agradecida de la vida y del maravilloso día de frescura cuasi invernal en mi piel. En efecto dormí como un bebé, y me desperté a las 10. Bebí un café. Dejé por media hora la taza de café con algunos restos. Me disponía a hacer mi mochilita de regreso. Al Bundy jodiendo como la puta madre. Que si soy una conchuda. Que si no lavo. Entre otros improperios. Los típicos improperios de familia de traumas clasemedierobaja de algún distrito de la capital peruana. Demasiado. Más grave aún si está siendo secundado por mi madre. Que continuó los típicos improperios de familia de traumas clasemedierobaja de algún distrito de la capital peruana. El típico acoso, que debería (mejor) ser evaluado por el profesional de la materia.

Me fui a la casa de Bellota y estaba ella ahí, libre, en paz. En el trayecto, sentí que mi mochila (que me hacía ver como una turista más, una pasajera en trance de siempre, un ave migratoria suelta en su propia ciudad), no era una mochila. No sentía su peso. O transmuté su peso en libertad: sentí que tenían otro significado, y significaban alas. Libertad.

Hablamos de un par de mujeres. Las que nos están dejando de inquietar. Nos comimos un combinado, arroz con leche/mazamorra, en una fuente de soda de Lince. Conversamos de muchas cosas. Me preguntó con insistencia si me había amistado con Bombón, a quien aún no conoce. Y creo que no la conocerá, conforme podrán ver en líneas próximas.

Y luego de eso, abordé mi bus-camión.



Entonces el lunes llegó, con mi cuerpo más aligerado, alivianado, pero con la estaca del pleitillo familiar en el corazón. Me desperté con un pensamiento insano: No existe el cariño. O existe, pero es algo demasiado frágil. Me sentí no-querida. Recordé los bouleversements pasados y les eché la culpa de mis traumas y temores, hasta de mis sucesivos fracasos sentimentales (que sin exagerar podrían llamarse "abortos"). Me sentí verdaderamente EMO. Recordé la absurda pelea con Bombón y empecé a sentir ganas de arreglar las cosas.

Cuando sentí el sudor frío de las pérdidas, Funky (con quien me amisto después de meses) me inicia conversación. En un tono cariñoso.

Sentí que no son pérdidas, sentí ese viene-y-va.

Y, como que con ganas de amistarme, le mando a Bombón, ni bien se conecta, el aviso de unos cursos bien chéveres para su carrera, que Gasparín (uno de mis últimos pero frustrados caprichos) me mandó -ambas son colegas aunque no del mismo gremio-. No me contesta, y luego me bloquea.

Me aso, entremezclando la mecha familiar con su silencio, y con nuestro estado mutuo de tensión. Y la bomba estalla con Bombón. No logro recordar exactamente ese momento, ese Hiroshima y Nagasaki entre las dos, esa bomba con Bombón. Pero estallo y le digo su vida. Le dije cosas que jamás imaginé decirle. Me jodió, me jode como la puta madre su actitud de modosita, sobre todo porque utilizó términos que utilizaba la pérfida de la LG.

J'ai PETÉ LES PLOMBS.

Hay palabras que todavía no estoy preparada para escuchar.

Hay palabras que yo no puedo decir. Me desestabilizan.

Y sigo temblando. Estoy como que en shock.

Siento que tengo un largo camino por recorrer. Siento que debo evolucionar. Como toda la gente. Pero, en el camino, los baches me duelen más que a cualquiera. Siempre tuve malos amortiguadores. Que funcionan peor aún cuando siento que la patada dura de la soledad, esa con la que convivo y amo y odio. No puedo ni debo enorgullecerme de algunas de mis reacciones, pero es lo que hay, hasta que consiga cierto solaz espiritual.

Y otra bomba suena. Abro mi hi5, y su perfil ya no está. Estoy eliminada.

(suena infantil, pero es muy de nuestros tiempos: resentirse porque a una laquitadondeljayfai-imaginad voz de Quico, el hijo de doña Flodinda, el rivad ded chavo ded ocho).

Si supieran por qué nos peleamos, incluirían este blog dentro de la categoría "blogs humorísticos". Si, luego, supieran cómo me siento, se lo pensarían 1000 veces.

Pero no quiero perder a Bombón, aunque hice los méritos para conseguirlo. Méritos que me dan un pánico atroz, ese pánico a las pérdidas. Porque cuando algo o alguien se va, siento que perderé el resto de cosas, como los árboles pierden sus hojas de otoño.

Ya. Stop le drama. Mañana será otro día. Mañana será 12, 12 de junio. ¿Qué chucha se celebra el 12 de junio?. ¿Celebraremos que la fecha suma 9, que es mi número-sendero de vida según Connie Méndez?. No sé, y si no hay, habrá que inventarlo, pues. Cualquier placebo será útil para quitarme the weight of the world que llevo dentro.

((vaya, qué exagerada... ¡A DORMIR!))

lunes, 4 de junio de 2007

Andrea Montenegro

Ayer por la noche no tuve ganas de hacer nada más que abandonarme a la pereza, aparrarme con mis almohadas, apretujar mi control remoto, ponerme a zappear. Y luego del zappeo aterrizar en el programa de Jaime Bayly, donde se presentó la díscola Andrea Montenegro.

(¿Y qué chucha hago hablando de Farándula? ¿Aspiro acaso a alguna columna en algún diariucho, quizá de esta nunca coronada villa?).

(I'm bored, haciendo tiempo para el gym)

(eso es lo que pasa)

Reconozcamos que está guapa. Siempre ha sido guapa, pero hay que confesar que sus desnudos en Interviú son la gloire. El borroso recuerdo de sus escándalos, sus intentos de suicidio por oscuros productores, sus ruidosas infracciones de tránsito (por otras "parejas sentimentales" -no a la banalización de la palabra "pareja"), bajaban sus bonos, que sus legítimas mechas con la mostra de la Urba Huacho no lograron hacer repuntar. Pero es claro, muy claro, el recuerdo de la mirada que me mandó mientras tomaba yo un café en una reunión informal de trabajo, allá por el 99, en el Café Café. En ese entonces, el enrevesado personaje salía (presumiblemente), de ensayar para la obra de teatro que estaba presentando, en la que hacía (según vagamente recuerdo) de trans-hombre (para los dummies: transexual que va de mujer a hombre). O chito o algo por el estilo (no es lo mismo, pero no me acuerdo, p-e-s). Posiblemente haya querido introducirse más en el personaje. No me importa: la recuerdo rica.

Siempre ví en ella, pese a su proverbial "farandulez" (estoy viendo mucha tv venezolana lately, o sea, i mean, perdónenme los neologismos baratos, a los que son tan afectos los naturales de la tierra del liqui liqui), cierto atisbo de inteligencia. Ayer la demostró con creces, aunque con su inconfundible hablar atropellado, acelerado, de mujer obsesiva, un tanto más tranquila (ya es mamá), pero con el mismo prurito de aquello que llaman locura, o que se le parece.

El detalle que noté, en la entrevista, fue su marcado acento colombiano. Como se sabe, la actríz "radica" (risible y peruanísimo término que nace a raíz de la inmigración ilegal, I suppose, para darle más caché a tal hecho, pero que se ha extendido a los artistas y/o a los que viven fuera en situación legal, aunque no deja de sonar bien pacharaco) en la capital del país del vallenato. En lo personal, y en principio, no me jode que alguien que viva en un país en que se hable nuestra lengua, lo haga al estilo del país de acogida. Pero no puedo negar que sonó un poco huachafa diciendo, en tono completamente cafetalero, "esh que scho ahora cuando condushco un auto reshpeto lash sheñalesh de transhito porquhhe shoy muy juishiosha", pero después pensé que posiblemente se trate de una forma de romper con ese pasado de nubes, de sombras y de voices in her head, que con tanto ahínco ella y la prensa construyeron en este país que la ominosa cadena arrastró.

I insist: ¿qué hago hablando de farándula?

(me voy al gym)