Tengo las manos congeladas y acabo de bajar la mirada hacia pantalla y teclado, luego de haber estado mirando el techo de esta cabina nortechicense, pensando en qué escribir.
Estoy increiblemente CERDA, a golpe de tacu-tacu's de mariscos, ceviches de pato, arrocitos con pato, chifitas, chifles CARTER (declaro mi adicción), jaleas, consumo compulsivo de coca cola zero (tremendo pretexto), exquisitas tortas de cumpleaños de compañeros de trabajo, sandwiches de supremas de pollo con ají alacena, ketchup y mostaza, Oreo Maní...y siguen firmas. Lo concreto es que puedo sentir mis rollos, siendo pellizcados por su contacto brusco con la hebilla de mi correa, y que ya me han preguntado varios, contentos, cuantos meses tiene y cómo se llamará. Lo concreto es que vengo pensando en estrategias para terminar con esto desde hace siete años, y suspendo la vorágine de gula cuando me gusta alguien, vorágine que reanudo cuando la decepción agobia.
Ya estoy pensando en ASUMIRME como "Gordita Simpática": sólo debo trabajar en la simpatía, lo otro viene como por un tubo, la pinta es lo de menos.
Bombón, oh shit. Fue hermoso recordar los bellos momentos de amigas como película, como aquella película que (dicen algunos) ve uno cuando está a punto de morir. Pero no puede morir, tengo que recuperarlo. Amistad en terapia intensiva, parafrasear a Cerati. Esperar un tiempo prudencial para llamarla, y tratar de no pensar en lo doloroso para no desbarrancar mi ánimo, que lo necesito a tope porque tengo una cantidad inhumana de trabajo, lo cual para workaholics como yo es un puto reto.
Bellota me confrontó en Pardo, mientras disfrutábamos de una caminata dominguera por la fría Pardo de junio, ella ataviada con un simpático chullo que todos los turistas se quedaban mirando. Yo con mi inconfundible jean malgastado, aquel que sujeto con esa correa que me pellizca la panza. Bellota dio su veredicto en favor de la agraviada, Bombón. Pero me dijo que el tema era subsanable, y le compré una galleta.
No tengo ganas de un texto articulado.
Despertarme en estos días invernales es una labor titánica.
Describir mi despertar no lo es.
Mi celular está programado para que la alarma suene a las 6 y 45 a.m. Cuando suena, tal como lo hace el 99.9% de las personas que ponen la alarma para trabajar/estudiar, siento un odio por el mundo porque ese sonido me arranca violentamente de los dulces brazos de Morfeo y su calorcito tan contrastante con la temperatura ambiente. Pestañeo un toque, digamos que en promedio hasta las siete y cuarto. Veo las noticias, itinerando entre Primera Edición y Buenos Días Perú, incluyendo sus propagandas de baja factura como la de la loca esa que le grita al farmacéutico "¡¡¡NOOO SEÑOOOR DESEO PALTOMIEL!!!", o la del triunfador de IDAT al que los ojos se le ponen como de un felino para evidenciar que es un monstruo en computación, o la de SOLGAS una voz en off femenina te indica unos trucos mnemotécnicos para recordar el número de esa empresa y dice "47, la edad de mi marido/4, su edad mental, jijiji-risa burlona-", entre otras que no recuerdo. Y viendo noticias, horrendas en su mayoría, sobre todo las de política (la elección del TC me ha generado vómito y náusea). Cuando estás medio dormida, estás como que medio drogada, y la sensación de ver esa mierda, como que es rarita. 7 y 30: me paro, me aseo, me cambio, tomo desayuno (si es que puedo), y camino entre calles pedregosas y polvorientas para llegar a trompicones a mi puesto de trabajo, en el cual debo estar a las 8.
Soy una ciudadana común y corriente.
Que se caga de frio, como toda la gente.
Bienvenido, invierno peruano.
jueves, 21 de junio de 2007
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